🌸 Un Legado en Flor – El Jardín de Fe de mi Abuelo

Mi abuelo fue mi primer pastor. Recuerdo las rosas de su jardín en Caguas, su Biblia gastada abierta en el porche y las oraciones que escuchaba antes del amanecer. En este tributo comparto cómo Cristo transformó su vida y cómo su fe, su bondad y su servicio dejaron una huella en nuestra familia.

ENSEÑANZA DEVOCIONAL

Pluma Fiel

6/15/20255 min read

Cuando pienso en mi abuelo, recuerdo su sonrisa, su voz tranquila y lo mucho que me gustaba estar cerca de él. Ya partió con el Señor, pero todavía puedo ver con claridad momentos de mi niñez en su casa en Caguas, Puerto Rico.

Me gustaba seguirlo por el jardín. Había sembrado rosas, otras flores y hierbas, y disfrutaba cuidarlas. Yo lo observaba trabajar y escuchaba lo que me contaba sobre sus plantas. Pero, si soy sincera, lo que más me gustaba era estar con él. No importaba lo que estuviera haciendo; yo quería acompañarlo.

También recuerdo los momentos que pasábamos en el porche. Mi abuelo abría su Biblia vieja y gastada, leía conmigo y me enseñaba la Palabra de Dios. Yo era una niña, pero escuchaba con atención. Antes de entender lo que significaba que alguien fuera pastor, ya había conocido el cuidado de uno en mi propio abuelo. Él fue mi primer pastor.

Mi abuelo estudió teología y se graduó como pastor. Podría haber buscado una congregación propia, pero eligió permanecer fiel a su iglesia, apoyar a su pastor y servir donde hiciera falta, muchas veces detrás de escena. Cuando el pastor no estaba, mi abuelo dirigía la adoración y predicaba.

Recuerdo lo orgullosa que me sentía al verlo allí. Podía sentir el cariño de la congregación hacia él. Muchas personas lo amaban por su carácter y por la bondad con que trataba a todos. El pastor confiaba en mi abuelo y a menudo hablaba de él como un amado siervo de Cristo y un hermano en la fe. Escucharlo decir eso dejó una impresión profunda en mí, porque yo conocía al hombre de quien hablaba. Era el mismo que se sentaba conmigo a leer su Biblia.

Cuando leo Efesios 4:11–12, pienso en la decisión de mi abuelo. Cristo da pastores y maestros para preparar a su pueblo para la obra del ministerio. Mi abuelo se había preparado para pastorear, pero no necesitó estar al frente de una congregación propia para cuidar de las personas y enseñarles la Palabra. Lo hizo en su iglesia y también conmigo, en aquel porche.

Uno de mis recuerdos más claros sucedía antes del amanecer. Mi abuelo se levantaba para orar en el pequeño clóset del pasillo, cerca de mi habitación. El piso era de loseta dura. Él ya tenía más de setenta años y pasaba más de una hora de rodillas allí, clamando por sus hijos, por su iglesia y por su país.

Yo lo escuchaba desde mi habitación. De niña no comprendía por completo lo que significaba aquella constancia. Hoy pienso en el amor y el compromiso que lo llevaban a levantarse cada mañana para presentar a otros delante de Dios. Santiago 5:16 habla de la oración ferviente, y 1 Tesalonicenses 5:17 nos llama a orar sin cesar. Esas palabras me hacen recordar a mi abuelo de rodillas en aquel pequeño espacio. También me hacen preguntarme si estoy siguiendo su ejemplo al orar por mi familia y por los demás.

Los domingos recuerdo verlo prepararse para ir a la iglesia: la camisa cuidadosamente planchada, el cuello almidonado y los zapatos que se ponía con ayuda de un calzador. Son detalles sencillos, pero permanecen conmigo porque forman parte del hombre que conocí. Su fe no aparecía solamente cuando predicaba. Estaba presente en su oración, en su servicio y en la forma en que trataba a las personas. Su vida me ayuda a entender Mateo 5:16: nuestras buenas acciones pueden llevar a otros a dar gloria a nuestro Padre celestial.

Hace poco, mi madre me habló de cómo era su padre cuando ella crecía, antes de que él aceptara a Cristo. Lo recuerda como un hombre severo, estricto y rígido. Me sorprendió escucharla, porque el abuelo que yo conocí era cariñoso, bondadoso y lleno de misericordia. Sus recuerdos me ayudaron a comprender cuánto había cambiado su vida al seguir a Jesús.

También pienso en la huella que dejó como esposo y padre. Efesios 5:23 habla de Cristo como cabeza de la iglesia, y Efesios 6:4 llama a los padres a criar a sus hijos con la instrucción del Señor. Proverbios 22:6 nos recuerda la importancia de enseñarles el camino correcto. Estos pasajes me llevan a pensar en la responsabilidad que tenemos dentro de nuestras familias. Mi abuelo no fue un hombre perfecto, pero el cambio que mi madre vio en su padre y el ejemplo que yo recibí de mi abuelo siguen hablando a nuestra familia.

Proverbios 20:7 habla de la bendición que deja a sus hijos quien camina con integridad. Ahora que tengo hijos y nietos, entiendo mejor que nuestra manera de vivir puede influir en quienes vienen después de nosotros. Las palabras de Pablo a Timoteo en 2 Timoteo 2:2 también me recuerdan la importancia de transmitir a otros la verdad que hemos aprendido. Pienso en las rosas que mi abuelo cuidaba, en su Biblia abierta sobre el porche, en el cariño de su iglesia y en su voz orando antes de que saliera el sol. Son recuerdos que llevo conmigo mientras procuro compartir mi fe con mi propia familia.

Extraño a mi abuelo y le doy gracias a Dios por haberme permitido conocerlo. Cuando era niña, solo quería acompañarlo. Muchos años después, sigo aprendiendo de su vida. Fue mi abuelo y fue mi primer pastor. Su historia me recuerda que Jesús puede transformar a una persona y que el fruto de ese cambio puede alcanzar a las siguientes generaciones.

Si alguien te enseñó a conocer a Dios, toma un momento para darle gracias al Señor por esa persona. Y piensa en quienes están cerca de ti hoy. Quizá una conversación sencilla, una Biblia abierta o el tiempo que pasas a su lado deje en ellos un recuerdo que llevarán consigo durante muchos años.

Si deseas compartir un recuerdo de alguien que marcó tu fe, puedes dejarlo en los comentarios. Puedes escribir en español.

Pluma Fiel
Sus Palabras Dan Vida
HisWordsMinistry.com

© 2025 His Words Give Life. All Rights Reserved. — Written with love by Faitheful Pen.